Estoy muerta
Estoy muerta y todavía no lo sé; mejor dicho, lo sé, pero no lo acepto. El mal presagio se respiraba en el aire, se susurraba en el viento. Pero yo era joven, a mí eso no me preocupaba, no todavía. Cuando me dé cuenta, será demasiado tarde. Aunque lo hubiera sospechado antes, opino que el destino estaba escrito, sin vuelta atrás. Canto mi canción favorita por lo bajo, mientras la escucho en los auriculares. Camino, como toda mujer, siempre mirando para atrás. Hay un miedo sutil, ese de caminar por la calle y que un loco te ataque completamente desprotegida. Un completo extraño, sin razón aparente. Pero es un miedo de todas, de cualquier mujer, del género femenino en su conjunto. La juventud hizo que me distraiga, que piense en la salida del domingo, la pelea entre mis amigas, el examen de matemáticas que seguro hubiera reprobado si estuviera viva, porque no había estudiado lo suficiente. Caminaba de a saltitos, tanta energía tenía que a veces los pasos no me alcanzaban, un ...