Estoy muerta
Estoy muerta y todavía no lo sé; mejor dicho, lo sé, pero no lo acepto. El mal presagio se respiraba en el aire, se susurraba en el viento. Pero yo era joven, a mí eso no me preocupaba, no todavía. Cuando me dé cuenta, será demasiado tarde. Aunque lo hubiera sospechado antes, opino que el destino estaba escrito, sin vuelta atrás.
Canto mi canción favorita por lo bajo, mientras la escucho en los auriculares. Camino, como toda mujer, siempre mirando para atrás. Hay un miedo sutil, ese de caminar por la calle y que un loco te ataque completamente desprotegida. Un completo extraño, sin razón aparente. Pero es un miedo de todas, de cualquier mujer, del género femenino en su conjunto. La juventud hizo que me distraiga, que piense en la salida del domingo, la pelea entre mis amigas, el examen de matemáticas que seguro hubiera reprobado si estuviera viva, porque no había estudiado lo suficiente.
Caminaba de a saltitos, tanta energía tenía que a veces los pasos no me alcanzaban, un salto corto para ganar distancia, velocidad. “Paso a buscar la plata que dejó Papá en lo de Mamá y me voy a lo de Nora, a tomar matecitos calientes” pensé. A charlar de todo, a pintarnos las uñas, a prepararnos para almorzar con Juan y Diego, a ser una adolescente más. Qué lindo recordar esos anhelos, yo era espontanea, “chispita” decían las maestras.
Eran las 9 y todavía estaba fresco. Doblé en la esquina y llegue a lo que sería mi última morada. Esa casa que tanto odiaba, cosas del destino, sería la última que vería. Mil cosas tenía en mi pasado para estar triste. Ahora tengo la muerte, pero tristeza ya no siento, solo añoranza por lo que podría haber sido y no fue. Me mudé de esa casa pensando en que jamás volvería, que vivir con mi Tía era la solución. Tenía pensado estudiar
Pero evidentemente, esa casa ya tenía el ansia de mi sangre entre sus maderas. Me mataron ahí, mi madre y su pareja. Sin remordimientos, sin dudas, ya estaba decidido desde antes de que entrara. No fue algo espontaneo, fue deliberado y planeado por días. Habían mandado a mi hermanito a lo de un amigo a dormir, para que la casa quedara sola para nosotros tres.
Pensar en los “si hubiera” me genera malestar. Si mi Papá le hubiera dado la pensión a mi Tía y no a mi Mamá. Si hubiera ido acompañada a buscarla y no sola. Si no hubiera ido nunca.
Pero fui, la necesitaba para el colegio, además no tenía miedo. Pasé la tranquera desvencijada y le pedí la mensualidad que me había dejado.
- No me hace falta entrar, te espero acá - comenté mientras ella caminaba hacia el ranchito.
- Dale, entrá que está fresco. Sentate y tomate algo mientras la busco.
Ese último momento decisivo, ese instante que selló el rumbo de mi fortuna. Entré y estaba todo bastante oscuro, sucio. Me señaló una silla y se fue en dirección a la piecita del fondo. Me senté solo un instante y él me agarro por atrás. Estaba ahí, agazapado, esperando el momento.
Metió un trapo en mi boca, me ató con una soga el cuerpo y aseguró el trapo con una cinta. Estaba muerta de miedo, aunque el verdadero terror fue cuando ella volvió de la pieza con unas bolsas. Llegué por un instante a ver su cara, mi propia madre, extasiada y temerosa.
Mi mamá lo planeó, yo nacida de sus entrañas, carne de su carne. Pensar el motivo me excede, él es homicida previamente condenado, pero ¿ella? ¿fue para complacerlo? Vacío en lugar de corazón. Ella me quería eliminar, tanto como él quería saciar sus instintos asesinos.
La vida me abandonó lentamente, suave, se escurrió entre esos dedos que me quitaban el aire, esas manos que oprimían mi garganta. Ya no me queda tiempo acá en la tierra para pensar, ya hasta el alma se me escapa.
Solo queda un cuerpo, que pronto
estará frío, descuartizado y enterrado en alguna parte de esta maldita residencia.
Ellos suspiran aliviados, escucho las risas, pero me voy, ya no me puedo quedar
más.
Noticias de última hora:
Indignación en Chile: una mamá y su pareja acusados del femicidio de una adolescente de 16 años.
Denisse Llanos y Hugo Bustamante están acusados por el femicidio y homicidio de la joven de 16 años, quien en agosto del 2020 fue encontrada muerta. La pareja la habría asesinado y luego enterraron el cadáver en el hogar de Bustamante, ubicado en Villa Alemana, distante a 115 kilómetros de Santiago. Bustamante gozaba de libertad condicional otorgada por la Corte de Apelaciones de Valparaíso, tras ser condenado en 2005 por el homicidio de su ex pareja y del hijo de ésta, de 9 años. A ella la degolló, a él lo estranguló, y tras golpearlos y quitarles la vida, los ocultó en el interior de un tambor metálico que luego enterró. Por esta causa, fue conocido como el Psicópata del Tambor.
Se confirmó la premeditación del asesinato, ya que, en días previos, la madre de Ámbar compró pintura y dos botellas de cera color carmesí, el mismo que el piso de su casa. Bustamante, por su parte, se encargó de cercenar el cuerpo, cavó un hoyo de un metro de profundidad debajo del piso de madera de la casa y enterró los restos de Ámbar dentro de tres coolers. Luego, usó la pintura y la cera para cubrir la evidencia.
“Estoy más tranquila, me avisas la hora. Amor te extraño, muchos besitos”, le escribiría Llanos el 30 de julio por redes sociales, luego de que su pareja le confirmara que había enterrado el cuerpo. Ese mismo día, la mujer regresó con su hijo a casa y los tres cenaron tranquilamente.
Esta mañana de martes, se dio inicio en el Tribunal Oral en Lo Penal de Viña del Mar el juicio contra Denisse Llanos Lazcano y Hugo Bustamante Pérez por el denominado caso Ámbar Cornejo. Se pide la pena de presidio perpetuo calificado para ambos imputados.
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